Tengo cuarenta y cuatro años y, durante mucho tiempo, también yo aprendí a cuidarlo todo menos a mí. Soy una de ellas. No te hablo desde fuera. Te hablo desde el mismo umbral.
Estudié turismo porque siempre creí que un buen lugar puede devolverte cosas que las palabras no pueden. Lo creo aún más ahora. He pasado años escogiendo hoteles para otras personas. Y un día entendí que también había mujeres como yo —como tú quizá— que no necesitaban un viaje, sino un sitio donde aterrizar. Un lugar elegido con criterio, no con catálogo.
Así nació Volver a Ella. No es una agencia. Es una curaduría íntima. Una manera de escoger por ti —si tú quieres— el hotel correcto, en el rincón correcto, para el momento que estás atravesando. Lo hago despacio, leyendo entre líneas lo que me cuentas.
Si me preguntas qué legitima este proyecto, te diría dos cosas. Una: he estado donde tú estás. La otra: llevo años trabajando en mi propio crecimiento personal, y eso me enseñó que volver a una misma no es un acto grande, sino mil pequeños actos cuidados.
Por eso este lugar existe. Para hacer fácil lo más difícil: Parar. Elegir. Ir.